Los instrumentos y las estrategias para la evaluación y acreditación de instituciones y programas parten de un equilibrio entre la auto evaluación y la evaluación externa, entre la autorregulación impuesta por la propia institución y la regulación externa obligatoria impuesta por entes distintos a la propia institución evaluada, y de un equilibrio entre la academia y el desempeño profesional. Se entiende que tanto la autoevaluación como la evaluación externa son voluntarias, periódicas y de uso reservado que tienen la finalidad de garantizar la calidad sobre la base de patrones e indicadores que en general recogen la misión, principios y propósitos de la institución, los modelos curriculares y los métodos instruccionales así como la apropiada practica para garantizar en su conjunto la ciencia y el arte, la equidad , la solidaridad, el uso adecuado de medios tecnológicos y la preservación de valores humanos y éticos. No obstante, cuando se observan y analizan los patrones y los indicadores resultan muy vastos y se ven como en un solo plano, donde todos los patrones y todos los indicadores tienen la misma importancia.

Quizás tendría razón, sin descartar la complejidad y el numero de patrones e indicadores para una correcta evaluación y acreditación, tomar algunos como ejes centrales.

Para la discusión se proponen que sean la evaluación y la certificación de los profesores, el equilibrio entre la formación científica y la práctica profesional y la capacidad para la educación permanente los que pudieran considerarse como los pilares de la garantía de una constante adecuación de la calidad del médico. En este último sentido, o sea la capacidad para una formación permanente, una acreditación permanente de instituciones y programas y una certificación permanente de profesores es donde menos experiencia e ingerencia tienen las escuelas medicas pero a la vez es el medio que más puede estar influyendo en la practica profesional del médico y en los valores con que concibe esa practica. Siendo así, la Escuela Medica debe generar una discusión sobre este tópico porque serviría de poco que una Escuela Medica voluntaria u obligatoriamente se evalué y se acredite si durante todo el lapso de ejercicio posterior a la salida de la Escuela Medica lo determina y lo influye una Educación Medica Continua que es permanente en el tiempo, inconexa en sus propósitos y ejercida en el menor de los casos por instituciones académicas y en la mayoría de los casos por gremios profesionales, la industria farmacéutica y de equipos y otros grupos de interés. Si bien es cierto que la Escuela de Medicina tiene su interés central en la formación formal del medico tanto en pregrado como en postgrado, tiene razón de ser que no descuide la educación continua y al menos se convierta en un "clearing house” y en un ente acreditador de la Educación Medica Continua para que dentro de lo posible, la ciencia, el arte y los valores de la medicina prosigan conservados dentro de unos rangos aceptables. Esto implicaría también la relación de la escuela médica con distintos entes proveedores de educación médica continua, su direccionamiento y su validación. Esto implica que la escuela médica participaría en la acreditación de los objetivos, los contenidos, las metodologías y medios de un modelo educacional que si bien hasta ahora no se ha expandido masivamente, en las próximas generaciones habrá la tendencia a la conformación de universidades virtuales con todos los beneficios pero también riesgos que esto acarreará.