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A continuación se hace un bosquejo de la vida y obra del Doctor Francisco Hernández, basado en la recopilación por Germán Somolinos D'Ardois y la Comisión Editora de la Obra completa de Francisco Hernández de la Universidad Autónoma de México (1). Francisco Hernández, "protomédico e historiador de su majestad Don Felipe II en todas las Indias Occidentales, Islas y Tierra Firme del Mar Océano", nació en Puebla de Montalbán, Provincia de Toledo, España, en fecha no claramente establecida, posiblemente entre 1517 y 1518 (1). Tampoco se sabe con certeza donde estudió, pero su principal biógrafo y Secretario de la Comisión Editora de su obra completa, Germán Somolinos D'Ardois, supone, por muchos indicios, que estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, "en su época con cátedras de medicina y cirugía y tenía un hospital que el propio Cardenal Cisneros se ocupó de fundar para uso de los estudiantes"(1). Es probable que en Alcalá hubiera sido discípulo de Francisco de Arce, uno de los más ilustres cirujanos del siglo XVI español. Dice Somolinos D'Ardois: "Más en Alcalá la escuela era médico-quirúrgica, con un sentido muy elevado de concepto de la cirugía, considerándola como disciplina científica y no como práctica popular de barberos y sangradores. Fundándose en este criterio Arce escribe sus trabajos en latín, evitando que pudieran aprovecharse de ellos los subalternos prácticos sin formación científica adecuada. Esta orientación médico-quirúrgica de los estudios complutenses también la encontramos en Hernández, pues, aparte de que con frecuencia hace alusiones quirúrgicas, en sus comentarios a la traducción de Plinio*·* nos recuerda que en su mocedad practicó la cirugía al decir: "según que en mi juventud y en casos de necesidad que exercité el arte de chirúrgica o siendo acompañado de cirujanos lo observé". Su biógrafo principal cree natural suponer que Hernández recibió su preparación médica en la escuela complutense**** fuertemente impregnada de humanismo, con un aristotelismo marcado en los estudios sobre la naturaleza, característica notablemente acusada durante toda la vida en la obra de Hernández". Por entonces, los médicos españoles eran ampliamente reconocidos por su excelente calidad, especialmente en su formación quirúrgica, tal vez en gran parte debido a que en España se podían disecar cadáveres con mas libertad que en otros países. Entre las obligaciones del profesor de anatomía de las facultades de medicina de la España del siglo XVI estaba el hacer por lo menos 25 anatomías (demostraciones anatómicas) por año (1). Pero fueron el humanismo y la filosofía, practicados por los médicos del siglo XVI, el siglo de oro, la característica que dio brillo a la medicina española, tan técnicamente avanzada en la época. En Guadalupe, el pueblo extremeño a donde llegó Hernández después de haber ejercido la medicina en Sevilla, donde presenció el intenso tráfico con el Nuevo Mundo, estudió anatomía en el monasterio y hospital, el cual había sido autorizado por bula papal para abrir los cadáveres para tratar de averiguar las causas de la muerte. En el mismo monasterio y hospital de Guadalupe, donde se hacían las enseñanzas anatómicas, se cultivaba el mejor Jardín Botánico de la época. Allí, y en las regiones vecinas, realizó Hernández profundos estudios de botánica. Más tarde Hernández se ubicó en Toledo y fue allí donde emprendió la traducción al castellano de la Historia Natural de Cayo Plinio Segundo, "la suma y competencia de todas las ciencias", la primera enciclopedia del conocimiento humano, escrita por Cayo Plinio Segundo en el siglo I de nuestra era y reproducida en latín por los amanuenses medioevales. El Toledo fue contemporáneo de Domenico Theotecopuli, el Greco. Por los años 1567 a 1570 escribía Hernández la traducción y comentarios al Plinio al tiempo que ejercía su profesión y asistía al Hospital de la Santa Cruz, donde practicaba la cirugía. Iniciada la traducción y comentarios al Plinio a mitad de la década de los años 60, esta obra se prolongó por más de 20 años y vino a ser terminado en México. Según su biógrafo principal, Hernández mantuvo fecunda amistad con Andreas Vesalio, quien abandonó la corte de Madrid hacia 1563 después de haber pasado en ella unos 7 años. Por esta época ya Hernández era médico de la corte de D. Felipe II; en tal calidad permaneció varios años e hizo parte en muchas ocasiones del séquito real. A comienzos de 1570 el Rey D. Felipe le otorga el nombramiento de protomédico de todas las Indias y le entrega detalladas instrucciones sobre su misión de exploración científica del Nuevo Mundo, de conocer la realidad de la historia natural y de la medicina de América y sobre todo de la Nueva España (México), de donde llegaban abundantes relatos sobre la riqueza de medicinas herbolarias. Concretamente, la Corona le pidió un informe detallado, completo y documentado sobre la medicina y sus elementos curativos en toda América, pero iniciándolos en México. Hernández se excedió en su labor y produjo la obra monumental que cuatrocientos años más tarde vino a ser editada por la Universidad Nacional de México. En la obra hernandina se incluye su traducción, la primera al castellano, del Plinio (2). En 1577, después de siete años en América, regresa Francisco Hernández a España y en su equipaje, viajando por el camino real entre Sevilla y Madrid, van sus numerosos libros, un riquísimo herbario y la traducción de Plinio. Desde entonces fija su residencia en Madrid, donde es acogido de nuevo en la corte; el Rey D. Felipe ha envejecido, está enfermo y melancólico. Hernández se queja de poca y tardía atención por parte del monarca. Hizo entrega de su obra magnífica, ilustrada y documentada, pero murió el 28 de enero de 1587 sin que la Corona hubiera ordenado su ansiada impresión. Es abundante la obra de Hernández, recopilada y publicada a partir de 1959 en bellos tomos por la Universidad Nacional de México. Los más importantes libros son la HISTORIA NATURAL DE LA NUEVA ESPAÑA, la cual reúne las observaciones sobre la naturaleza mexicana, plantas, animales y minerales, que escribió Hernández entre 1571 y 1577. Su otra gran obra es la traducción comentada del Plinio, obra que aún no había sido impresa en castellano. El manuscrito de la "HISTORIA NATUAL DE CAYO PLINIO SEGUNDO, TRASLADADA Y ANOTADA POR EL DOCTOR FRANCISCO HERNANDEZ, Protomédico e Historiador del Rey de España Don Felipe II, en las Indias Occidentales, Islas y Tierra Firme del Mar Océano", nunca llegó a las prensas españolas. En efecto, la primera edición en español del Plinio fue la de Gerónimo de Huerta, también médico palaciego, dedicada al Rey Don Felipe III, impresa en Madrid por Luis Sánchez, Impressor del Rey N.S. en 1624 (tomo I) y 1629 (tomoII) (6). No es clara la relación que hubo entre la obra de Gerónimo de Huerta y los manuscritos de Hernández. Huerta en ningún lugar cita a Hernández. Cuatro siglos más tarde la Universidad Nacional de México publica la verdadera primera traducción al castellano, la obra de Francisco Hernández (2). La Bibliografía Hernandina ha sido recopilada como parte de las Obras completas de Francisco Hernández editadas bajo la dirección de Germán Somolinos D'Ardois y la Comisión de la Universidad de México, haciendo el editor la observación de que "la obra de Hernández, mucho más basta de lo que habitualmente se supone, es además tan variada y ha sufrido tales vicisitudes en sus manuscritos y ediciones, que ninguno de sus biógrafos ha podido llegar a conocer más que una limitada porción de la producción hernandina" (3). Francisco Hernández médico-cirujano, botánico, humanista y notable investigador científico, realizó la primera recopilación de los recursos naturales del Nuevo Mundo, e inició una tradición que fue continuada por las tres grandes expediciones científicas encomendadas por Carlos III en el siglo XVIII y que completaron para la Corona de España el gran arsenal de conocimientos sobre la historia natural de América. La primera de estas tres grandes Reales Expediciones Científicas posteriores a Francisco Hernández fue la expedición a los Reynos del Perú y Chile, creada por Cédulas Reales de 8 de abril de 1777, dirigida por los botánicos Don Hipólito Ruiz y don José Pavón (4). La segunda, creada en 1783, fue la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (Colombia), cuyo director fue el médico gaditano Don José Celestino Mutis. La tercera y última expedición de Carlos III fue la de Nueva España bajo la dirección de Martín de Sessé y Lacasta y de José Mariano Moziño, creada ebn 1786, con el propósito de "hacer dibujos, colectar los productos naturales e ilustrar y completar el trabajo del doctor Francisco Hernández". Ejemplar la vida y obra de Francisco Hernández, primer médico español que realizó una monumental obra científica en el Continente Americano. Para conmemorar su vida y obra, la Federación Panamericana de Asociaciones de Facultades (Escuelas) de Medicina ha creado la Orden Francisco Hernández para ser otorgada a quienes hayan realizado contribuciones de gran significación a la educación médica en las Américas Bibliografía
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